Francisco Lozano

Por la huerta del rancho escarbando en la tierra negra entre lechugas, coliflores y espinacas, con su pico nervioso, va La Gallina Cocla llenando su buche para luego poner huevos blancos y rozados de corazón amarillo. En la tarde, y ya cansada, se va en busca de La Abuela Petrona cacareando como si hablara. La busca en el riachuelo donde la abuela lava la ropa pero ya no la encuentra. Luego en la cochera de los marranos, pero éstos ya están satisfechos de comida, y de la abuela nada. La busca en la cocina, la encuentra limpia y levantados los trastes, luego en los corredores sólo encuentra la mecedora vacía y moviéndose de atrás hacia delante-¡Qué se hizo la Abuela Petrona que ni la muerte se la va a poder llevar siempre tiene algo que hacer!...




La Abuelo olvidó por completo que la Cocla estaba a punto de cumplir sus quince meses.
Este desafortunado suceso la obligó a irse del corral y abandonar su canasta de empollar. Agarró su maleta de viaje y se encaminó hacia el norte a probar nueva suerte. Para completar su desgracia cayó en las manos de un pollero quien le cambió su destino. A pesar de las malas noticias la Cocla logró regresar al rancho decidida a dejar sus huevos en casa.

La aventura comienza cuando dos personajes asombrosos salen de un gran libro, él un Español, ella una Negrita esencia de nuestros pueblos; llegan a mover sus páginas para dejarnos ver lo que allí acontece. En fin, los animales a sus asuntos y los personajes abandonan la escena haciendo un homenaje a Nicolás Guillén en su “Son para Niños Antillanos��…por el mar de las Antillas anda un barco de papel…

Con esta obra de títeres Teatro Rodante celebra 18 años de labor escénica en Colima y en México.